Soluciones
Relatos reales, actuales y cuánticos
Liu Grant
Copyright © 2021 Liu Grant
Todos los derechos reservados.
ISBN: 9798880360062
DEDICATORIA
A mi hijo, que es mi esperanza,
la fuerza y la razón
que me impulsa a dar, cada día más.
Contenido
Prefacio
1 Conversaciones en La Biblioteca
2 Saltos cuánticos
3 Globos reciclados
Acerca del autor
Prefacio
Todos nosotros, tú, él, yo; tenemos un velo entre nuestra percepción y la realidad.
Que a veces solo se levanta parcialmente por alguno de nuestros sentidos.
Por eso tenemos músicos, si se levantó por el sentido del oído.
Tenemos pintores por el sentido de la vista.
Chefs por el sentido del gusto.
Atletas de élite, con especial coordinación entre mente y cuerpo.
Científicos, que pueden resumir en una ecuación el significado de la vida.
Y escritores, que acercamos la información de una forma actual, personal, única, al resto de los mortales.
Para levantar ese velo es necesario hacer un esfuerzo.
Te invito a pasar y a leer cada una de las palabras.
Palabras con las que deseo abrir un camino, no solo enriquecernos con la lectura, sino dar pie a la acción, al cambio.
Levantar ese velo es entender que la sociedad no solo aspira a vivir.
Sino que aspira a vivir bien.
- Conversaciones en La Biblioteca
El primer encuentro
No sé qué día entró por la Biblioteca, hace cuatro meses más o menos; de nombre Manolo, reformista y colega de copas.
Con deportivas, camiseta y vaqueros, vestimenta nada formal. Sin embargo, muy educado en las formas, pidió un doble de cerveza, lo mismo que estaba bebiendo.
Me lanzó una mirada, como queriendo desahogarse, y me habló, así sin más:
—¡Con permiso! —y alzando aún más la voz—: Por el amor de Dios, ¡¡Qué pasa con la economía!!
Con aparente sequedad contesté:
—¿Qué le pasa a la economía?
Argumentó:
—No les alcanza con que seamos los que tenemos que salvar al país de la crisis, sino que tenemos que remediar lo robado por los corruptos.
Bebió unos sorbos de cerveza y prosiguió:
—Escucho las noticias, nos han puesto una losa en la espalda. “La crisis”. —Hizo con los dedos comillas—. Pero ahora que han quebrado el sistema financiero, ¡con ello también debemos cargar!
Me dejó sorprendido, y como soy especialista en seguir la corriente, contesté:
—Pues tienes razón, no pueden seguir cargándonos la espalda hasta reventar.
Mientras Manolo continuaba desahogándose, me comenzó a doler la espalda, lesión de una caída de niño. El camarero también se quejó de lo mal que sentaba este descaro de los políticos, sobre todo del partido de Gobierno.
Manolo, más tranquilo, se despidió. De ahí en adelante nos fuimos encontrando sin fijar fecha ni hora.
Este primer encuentro me dejó tan buen sabor de boca que tomé nota de la conversación. Todo aquello que me parece relevante lo registro. Tengo un archivo de apuntes varios.
Bar La Biblioteca
Todos los días después del trabajo, bajo a tomar unas cervezas al Bar La Biblioteca, cerca de la universidad. Tiene las paredes forradas con papel ilustrado a escala real: estanterías, libros, andamios, como una biblioteca.
Egresado de la Universidad hace algún tiempo, me da nostalgia de días, meses, años estudiando en la Biblioteca. Para un ermitaño como yo, la biblioteca era mi lugar favorito. Mis compañeros de estudios se burlaban: —¡Eres un ratón de biblioteca!
Casi a la misma hora, pero no todos los días, llega mi compañero de copas, Manolo. Autónomo con una tienda de reformas.
Mi trabajo: un mortal aburrimiento, siempre lo mismo. El suyo, cada día diferente: problemas en producción, personal, clientes que no pagan. A esos los llamaba “artistas”: —Son unos artistas, vaya interpretación para sencillamente no pagar.
Su agudeza me ponía en guardia. Pienso que da un giro a mi discurso, o tal vez aprovecha lo que voy diciendo para soltar lo que realmente quiere decir.